5 de enero de 2008

Explorando Bali

Hoy me he levantado pronto, cosa muy, muy extraña, para explorar un poco los alrededores. Tan pronto era que la mujer del alojamiento, una anciana realmente atenta, simpática e inteligente, estaba aún preparando las ofrendas diarias. Destaco que dichas ofrendas son diminutas cajitas fabricadas con hojas que colocan en todas las puertas y caminos para detener el paso de los malos espíritus, etc, etc. Es imposible caminar sin pisar varias en un día, las dejan justo donde hay que poner el pie. Buda, Shiva, Ganesha o el que corresponda me perdonaran, espero...

Coincidí con una pareja de japoneses (viajado y culto él y genial y divertida ella), un japonés solitario y una pareja de rusos (todo el día bebiendo vodka como si fuera zumito, el bigote lleno de nieve y fabricando armas nucleares. Es broma, es broma; eran majísimos).

Visitamos templos varios. A estas alturas odio totalmente cualquier sitio con ventanilla de tickets, aun cuando la entrada ronda los 0,40 euros. Esta vez merece la pena si a uno le gusta el estilo de los muros, como es el caso.


No olvide purificarse, aquí puede.

Uno de los volcanes de Bali. Nublado, una vez mas.

El conductor y mas gente local. Por supuesto siempre sonrientes.


Este el templo mas grande de Bali.




Y por ultimo, unas de las muchísimas terrazas de arroz. Si las mas conocidas están en China, hasta ahora las he visto mejores tanto en Nepal como aquí.

Cuando la japonesa vio mi osito casi entra en extasis. Le hizo unas cuantas fotos y él se dejó, al fin y al cabo le gusta.