9 de noviembre de 2007

Nepal. Autobus infernal

De Pokhara a Katmandú, en autobús. Existe un autobús para turistas que ya probamos en la ida. Ahora vemos un autobús para nepalíes que sale ya mismo, con lo que llegaremos mucho antes a Katmandú. Uhmm..cojámoslo, ¿no?

¡¡¡En qué hora cogí semejante tartana!!! 10 horas de viaje, última fila con asientos de respaldo de menos de 90 grados, desencajados y lleno de nepalíes hasta arriba (cuando digo hasta arriba quiero decir que arriba también viaja gente, por supuesto). Realmente condiciones infrahumanas que uno cree inicialmente que podrá soportar pero que minuto tras minuto se convierten en una agonía. El asiento de delante esta roto, contacto físico continuo con el resto de pasajeros, que ocupan pasillo y cualquier minúsculo hueco como si jugaran al tetris; parece el camarote de los Hermanos Marx.

Vaya tartana, vaya tartana de autobús. Comienza el malestar, el sueño profundo y las ganas de salir de esta calamitosa situación cuanto antes. El espacio es verdaderamente limitado para mi esbelta figura.

En una parada:
-¿Cuánto tiempo durara esta parada? -Pregunto.
-Quizás 30 minutos, quizás tres horas.
-¿Quizás tres horas? No, no puede ser verdad. ¿Para qué hacen falta tres horas?
-Tranquilo -y aquí es cuando suelta la frase del día-, ENJOY NEPAL.

ENJOY NEPAL, ¡toma ya! Finalmente duró la parada algo más de tres horas y otra vez dentro del autobús. No quiero subir de nuevo. Yo pensé que moría allí dentro.

Para amenizar las horas restantes no paraba de sonar cíclicamente una musiquilla típica de Nepal. Además dos de los pasajeros decidieron iniciar una disputa que termino en pelea a puñetazo limpio. ¿Alguna sorpresa más?

Finalmente el autobús llego a Katmandú. Desayuno, ducha y dormir, esta vez en orden inverso al habitual. Puedo decir que sobreviví al autobús, pero es una experiencia infernal que no recomiendo.