7 de febrero de 2008

Nueva Zelanda. Christchurch.

Empecemos a recorrer el país. Primera parada, Christchurch.

Tomé un vuelo, con Qantas, compañía australiana. Yo no quiero nada de Australia, tenia malos presentimientos. ¿Ves? Lo sabia, el vuelo se ha cancelado. Y no me han sumado los puntos Iberia, cosa que ya me da risa, porque con lo que he volado hasta ahora con One World apenas he obtenido 100 puntos. Al final completare la vuelta al mundo y me habrán abonado 200 puntos (para volar a París con puntos hacen falta unos 1900). Patético. Aprovecho para ridiculizar al asalariado de turno que me atiende comentándole los irrisorios puntos obtenidos habiendo pagado una suma bastante elevada por los vuelos. Me hace gracia ver la cara que ponen, no saben para donde mirar y siempre consultan a otra persona, que tampoco me da una respuesta clara. Vaya tela...

Por suerte había sitio para mi en un vuelo de Air New Zealand. Allá vamos.

Christchurch es, como prácticamente todos los pueblos/ciudades de Nueva Zelanda, un lugar limpio, impoluto, tranquilo y estéticamente difícil de superar.

Guarda un estilo muy británico, y es que la invasión anglosajona ha dejado huella, en este caso para bien, en cuanto a estilo se refiere.


El punto negativo, por buscarle tres pies al gato, que si no contar solo maravillas es bastante aburrido, es que todo esto esta carente de esencia e Historia, cosa fundamental en un lugar para vivir. Tienen una catedral, pero ni mucho menos de las buenas y antiguas. El resto de arquitecturas son nuevas, simulando un estilo del siglo XIX.


Uhm... creo que hoy comeré en un indio. Riquísima comida, ¡aunque el precio es 10 veces lo que cuesta en India!

Calificaré a Christchurch con un 8 sobre 10.