18 de agosto de 2007

Transiberiano, una experiencia 10

Aquí comienza el primer kilómetro del mítico transiberiano, la ruta de tren más larga del mundo. Concretamente haré el transmongoliano, que pasa por Mongolia y acaba en Beijing.

Es emocionante pensar la cantidad de escritores, artistas y por supuesto gente que lo ha usado por necesidad que ha recorrido estas mismas vías. Más espeluznante aun es pensar la cantidad de obreros forzados que consumieron sus vidas para construir esta arteria que atraviesa Siberia de lado a lado. Dicen que la media de vida de los trabajadores era de tan solo dos años. Y son muchos, muchos kilómetros, uno se da cuenta cuando pasan horas y horas y el paisaje sigue siendo el mismo: bosque y más bosques, porque hay que decir que Siberia tiene más vagueación que toda Suramérica. Realmente es un ejercicio de abstracción intentar hacerse una idea de la extensión de Rusia, y por añadidura, la extensión real del mundo. Ayuda un poco, sólo un poco, recorrer Rusia por superficie, pero aún así es sorprendente la envergadura de este vasto país.

Primer trayecto Moscu-Yekaterinburg. Unas 27 horas, habitáculo para nosotros cuatro (Antonio, Ester, Joasan y yo), muy chulo y cómodo. Incluso nos sirven comida, aunque aun no sé con que criterio, porque esto de pasar varias zonas horarias hace que el desayuno se junte con la comida y anda uno un poco desorientado. No se hace largo en absoluto. Aprovechamos para ver fotos en el portátil de Josan y contarnos mil historias. Incluso hay un karaoke en el que desvariamos un poco al intentar cantar en ruso... ayudados por un poco de vodka, que aquí beben como si fuera zumito, aunque suelen consumir mas cerveza de vodka.

Casi al final, conocemos a Anton, un joven informático ruso que se unirá a nosotros las próximas horas, pero eso pertenece a la siguiente historia, que es genial y fue vivida intensamente.