5 de septiembre de 2007

Llegada a China, por la puerta de detrás

Y nos quedábamos con ganas de la clase Platskarny, esa tercera clase de tren que muchos evitan pero que nosotros quisimos probar (no parecía tan mala, ¿no?...). No fue posible en tren, pero por suerte/desgracia ya no quedan billetes de tren desde Ulaanbaatar a Beijing hasta mediados de septiembre y tenemos que coger un tren hasta la frontera con China y un autobús desde la frontera hasta Beijing.

Y el autobús... el autobús... ejem. Es un autobús cama, cargado hasta los topes y con espacio menos que mínimo. Tuve que plegarme para empaquetarme en mi minicama tamaño chino, y no fue nada fácil porque apenas había sitio para mi cuerpo, que es esbelto, y llevaba también mi mochila pequeña, la de las cámaras y otras cosas valiosas que no se separa de mi nunca mas lejos de mi espalda. La entrada en China fue un golpe durillo, ya que aparecimos en un pueblo perdido, totalmente caótico donde no se podía ni sacar la cartera para pagar nada porque enseguida uno estaba rodeado de veinte chinos mirando alrededor. Agobio, caos, caos, caos. Por suerte nos vino bien tanto jaleo, porque en un momento dado tenia en mi mano dos billetes de autobús sin haber soltado ni un solo yuan; ¡de hecho aún no había cambiado moneda y realmente no tenia ninguno! Así que autobús chino gratis para los caballeros, tomen asiento (tomen cama).

En medio de la nada, en un punto de esos de horizonte en todas las direcciones (y lo geniales que son esos puntos donde ve hasta donde llega la vista mire uno donde mire), el autobús decide estropearse y toca reparación.



Si fueran un poco más cómodas las camas estaría genial el invento, porque las vistas son aún mejores que desde un tren y la ventana se convierte en una televisión excelente.

Lo que realmente da miedo son los pueblos que deja el autobús a su paso, pueblos de la China profunda totalmente pobres y tétricos. Paramos a cenar en uno de ellos, donde todo estaba sucio y daba mala espina, muy mala espina. Josan y yo comimos rápido para vigilar el autobús y que no se fuera sin nosotros. ***Película paralela: pierdo el autobús y me quedo solo en este poblacho de escombros, sólo alumbrado por la luz de los fluorescentes de las tiendas, todas con cristales sucios. Pregunto a alguien y no me entiende, claro, pero enseguida corre la voz entre los delincuentes que hay un no chino perdido por allí. Me llevan a una tienda y me hacen comida china a la luz fría de los fluorescentes. Nunca más hubo noticias naranjas.*** Pues sí, la verdad que esta primera visión de China asusta un poco.

2 comentarios:

Mamen dijo...

Me ha gustado la película, jajaja, ay cuánto me estoy riendo esta vez con tus descripciones. No puedo evitar comentarlas, jajaja.

Anónimo dijo...

Hola, retomo la actividad postera, después de releer todo un poco, jajajaja, pero bueno, ...Mamen disfrutando como una niña de 4 años con un juguete nuevo...jejejeje...Es que las crónicas son así, un poco de aire fresco si se hacen con humor y algo de espíritu navegante pirata libre,jajajaja...Porque lo mejor de todo, es abrir nuevos caminos en un pequeño mundo de la Vía Láctea, aunque me pregunto, ¿verdad Mr.Naranja?, si la industria láctea de Él que tú has tenido el honor de encontrar y probar, merece todo lo que ahí puedas hallar. Respuesta fija: sí, sin duda, China es otra dimensión en la Tierra,jejeje., producción bestial a lo bestia animal...como demuestran tus fotos, y tus esbozos descriptivos...
Saludos, sigo sintonizado,
JFGH